jueves, 17 de marzo de 2011

El Asesino

Todos se preparan, saben de su llegada.
Cojo mis cosas y las guardo en la maleta.
Esta por llegar en cualquier momento.

Pero es muy tarde.
Cruzamos miradas en el umbral de la puerta.
Yo escapo por su costado mientras el me mira al salir.
El tiempo de los que quedan ha terminado.

Huyo tan rápido como puedo.
Hago una llamada y volteo.
Papá esta esperándome frente a la puerta.
Lo llamo a gritos para que huya de ahí.

Caminamos a paso ligero.
Le advierto de la situación.
Él nos ha visto, pero no ha dicho nada.
Yo sólo intento sacar a mi papá de esta situación.

Fuera de todo eso nos encontramos en un café.
Junto con un chico y una chica nos reunimos con Él.
En todo momento evito que lo mire a los ojos.
Y comienza una pelea.

Lo saco de ahí dejando a los muchachos con Él.
Se escuchan unos balazos y unos chasquidos.
Yo ruego por que hayan sido ellos los victoriosos.
Pero llevan la piel y los ojos verdes de derrota.

Papá sigue mirándome a los ojos tal y como se lo pedí.
Aunque se ve que le cuesta trabajo hacerlo.
Yo no quiero perderlo.
Aunque para eso tenga que poner mi vida en riesgo.

Pero el tiempo se detiene en otra realidad.
Despierto sobre una cama vieja en un cuarto abandonado.
Hay dos mas conmigo.
Y yo me siento tan cansado.

Vienen unos a levantarnos.
Nos llevan al baño.
Luego nos amarran a unas sillas.
Yo estoy tan débil que no podría levantarme aunque quisiera.

Nos sacan a la calle como quien muestra un trofeo.
Él esta ahí. Victorioso.
La pelea había terminado.
Él ganó.

Me regresan a la habitación.
Triste y derrotado.
No pude hacer nada.
El final del cuento había cambiado.

martes, 15 de marzo de 2011

Cuadros en secuencia

Primer Cuadro
Huir.
Correr por calles entreveradas.
Huir de alguien que me persigue.
O quizás no.

Segundo Cuadro
Una señora me encuentra en el camino.
Me rescata de huir.
Me conoce y me lleva a su casa a refugiarme.
Dentro esta su hijo.
Un muchacho bien parecido.
Con porte de caballero y amable como pocos.
La clase de persona que te enamora con tan solo conocerla.
Se ofrece a acompañarme de regreso a casa.
Caminamos por parques y calles olvidadas.
Hasta que recuerdo el camino de regreso.
Vivimos cerca y espero volver a verlo.

Tercer Cuadro
De pronto me veo metida en un caso de suicidio.
Seguía recordando a una mujer en su cocina.
Ausente con las gavetas inferiores abiertas.
Una mujer que había muerto.
Su hermana nos ayuda a esclarecer el caso con información escondida en un armario.
Es entonces que descubro que el suicidio fue un homicidio.
El esposo lo hizo. Y él esta aquí con nosotros.
No puedo decir nada sin levantar sospechas.
Intento demostrar las pruebas a los demás y él se va.
Se excusa y se lleva a la hermana con él.
Va a hacer la llamada amenazante.
Nadie me cree y yo lo persigo.
Esta en la plaza, esperando a la hermana, quien se ofrece de señuelo.
Yo no lo acepto y tomo su lugar en la horca.
Él lo acepta y se prepara para acabar conmigo.
Todas las mujeres están sumergidas dentro de la pileta.
Ya todos lo saben: él es el asesino.
Él ya lo sabe, está acabado.
Se apodera de mi y me toma cono suya como ultimo acto en vida.

Cuarto Cuadro
La pesadilla se acaba.
Tu, yo, un día soleado y la piscina me cambian el escenario.
Mucha gente alrededor. Demasiado.
Voy en busca de tranquilidad. Y limpieza.
Camino a pies descalzo entre la hierba.
Y encuentro otro ambiente.
Regreso a buscarte, pero nunca llego.
Ha terminado.

sábado, 12 de marzo de 2011

Difuso

Recuerdo a mi hermana ahí.
Tu también.

Recuerdo una sensación de bienestar.

Recuerdo correr.
Huir.

Recuerdo el cubículo.
Un ascensor.
¿Iba arriba o iba abajo?

Recuerdo a alguien que no es amigo.

Te recuerdo a ti en mi cama.
Yo echada junto a ti.

Se que canté un par de canciones.
Lo recordé mientras las escuchaba hoy.

Recuerdo que todo fue difuso.
Y que por la mañana la secuencia se había perdido.

miércoles, 2 de marzo de 2011

La Archienemiga

No sé que diablos venimos a hacer en su casa.
Pero no te iba a dejar solo con ella.
Vine detrás tuyo.
Y hasta a mis perros traje.

Una casa grande.
Supongo que se necesita espacio para tanta gente.
Ella nos recibe.
Y tu actúas naturalmente.

Subimos a su habitación.
Ella no me quiere ahí, pero sabe comportarse.
Yo la quiero matar, pero necesito que me de un motivo.
Por consiguiente, la fiesta va marchando en paz.

Tu hablas con ella, conversan, recuerdan.
Yo mantengo mi distancia.
Demostrándole que soy mejor mujer que ella.
Mientras voy recogiendo información relevante.

Intentamos ser amigas.
Ella me presta un poco de su ropa.
Yo elogio sus accesorios.
Todo en un ambiente fingido y decorado.

Por momento te roba de mi lado.
Te lleva con sus amigas.
Te conversa a escondidas.
Y yo debo mantener la sonrisa para no perder la cordura.

Ella te ha pedido un favor: acompañarla a algún lugar olvidado.
No rechaza la idea de que yo los acompañe.
Sólo te pido un taxi para poder ir a mi casa a dejar mis perros.
Le comentas el plan a ella y no se niega a aceptarlo.

Abajo, mientras esperamos el taxi, se va desarrollando una fiesta.
La pierdo de vista y aprovecho para volver a su habitación.
Había olvidado mis cosas en ella.
Al subir descubro un video en su computadora.

Era ella, contigo.
Un video pasado, que se repetía sin cesar.
Era la evidencia que necesitaba, el pasado.
Y no lo iba a dejar ganar.

Fui a decírtelo y lo primero que me dijiste fue:
"¿Que haces en su habitación?, ¿quien te crees?"
Yo sólo te respondí un "¡Cállate!".
Pero ella ya había echo su aparición y no pude seguir.

Te pregunté cuánto más demoraría el taxi.
Ella nos preguntó si queríamos un cigarro.
Yo me negué. Tu no.
Entonces supe que la estabas pasando bien.

Fui hacia ti, moviendo las caderas bajo la falda.
Caminé hasta que estuvieras a una corta distancia de mis pechos.
Te miré directo a lo ojos y hablé en voz bajita.
No podías negarte a mi ahora.

Después de un momento de silencio sentí tus dedos bajo la falda.
Me tomaste por sorpresa, pero supe que había ganado.
Dejé que las sensaciones se apoderaran de mi.
Por un momento, no hubo ni fiesta ni enemiga.

Detrás tuyo una sombra se escondió.
Fue imperceptible, pero quise creer que era ella quien nos había descubierto.
Te sugerí huir de ahí y perdernos entre las sabanas de algún lugar clandestino.
Era mi recompensa por ser declarada Vencedora.