sábado, 19 de septiembre de 2009

El Engaño

Tú y yo no hablamos.
Salimos de paseo.
Y mientras yo estoy en el bus junto a un pata de lo más insoportable.
Tú te pavoneas por el pasillo con ella.

Ni siquiera me miras y me ignoras sin piedad.
Pasas delante mio cogiéndola por la cintura.
Y ella sonríe triunfadora.
Yo me ahogo en mi asiento deseando morir.

Pero el intento es en vano.
El insoportable de mi costado de pronto se convierte en mi salvador.
Yo intento respirar más tranquila.
Mirando por la ventana para no mirarte a ti.

Al llegar a nuestro destino, mi antigua casa.
Tú no te separas de ella.
Y juntos eligen el cuarto donde se quedaran.
El cuarto que yo elegí, mi cuarto.

Ella salta y chilla diciendo que me vaya.
Yo sólo alego que es mi habitación, es mi cama, y que ustedes pueden tomar la otra.
Si quieren.
Yo no quería, pero no podía dejar salir a mi corazón herido.

Desafiante ella se quedó, y frente a mi pisoteo lo poco que me quedaba de dignidad.
Se despidió de ti dándome a mi una última mirada.
Y entonces quedamos los dos solos.
En una habitación sofocante y con el kit de primeros auxilios a la mano.

Tú te acercaste a mi queriendo conquistarme de nuevo.
Yo me batí en tus brazos, dolida por el engaño, pero a gusto a tu lado.
Tú te comportabas como si nada hubiera pasado.
Y yo te gritaba y te preguntaba por qué me habías hecho eso.

Tu defensa fue la misma que la acusación: engaño.
Dijiste que solamente estabas jugando con ella.
Que era un experimento más, que no era nadie especial.
Que sólo había sido un juego y que me querías a mí.

Pero el daño ya estaba hecho.
La grieta era muy profunda para curarla.
Y habías elegido a la peor persona hacerlo.
Tus argumentos se los llevó el viento.

Quedamos en un perdón tácito.
Irías a terminar con su mente.
Pero la mitad de mi alma ya estaba destrozada.
Ahora era alguien que andaba sin ti.

Cuando te preguntaron por mí.
Sentiste el dolor en ese hueco inexpicable.
Te diste cuenta de lo que habías hecho.
Y del precio que tendrías que pagar por él.

Yo ya no estaba allí.
Y tú tampoco.
Fue un final triste.
Y un sueño roto.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Dolor

La garganta me estaba matando de nuevo.
Apenas podía tragar saliva, y mamá continuaba diciendo que no era nada.

Yo me quejaba, pero no chillaba.
Hasta que de pronto pasar el aire ya era insoportable.
Le pedí a mamá una vez más que por favor vayamos a la clínica.
Salimos todos para allá, caminando.

El dolor se hacía cada vez más insufrible.
Mamá continuaba quejándose diciendo que no era nada.
Hasta que intentó convencerme a mi de eso.
Yo ya no podía ni hablar y sólo atine a pegarle en el brazo.
Y me fui para atrás.

Ella vino a mi encuentro.
Sin sangre en la cara me preguntó por qué había reaccionado así.
La maté con la mirada.
No se volvió a acercar.

Caminamos hasta unas galerías recomendadas.
Yo ya no podía más con la garganta.
Me dolía tanto que tenía que gritar.
Pero hacerlo hizo que me doliera el doble.

Todos se asustaron cuando lo hice.
Parece que recién se dieron cuenta de la magnitud de mi sufrimiento.
Entonces actuaron de prisa.
Nos indicaron donde podíamos conseguir carne argentina.
Habían dicho que eso me curaría.

Yo continuaba gritando a pulmón gastado.
Tratando de aliviar el dolor.
Llegamos al stand que vendía chucherías.

Me levante con la garganta adolorida.
En una mala posición.
Roté la cabeza y recobré el sueño.

Boda

Todo estaba listo.
El día había llegado.
Y la novia quería acostarse con alguien.
Como loba en celo se abalanzó sobre el primer hombre sentado en un sofá.
Pero su acto, a pesar de estar dando resultados, no se consumo.
El novio la estaba mirando desde el umbral de la puerta.

Ella ni siquiera tuvo la molestia de disculparse o de llorar.
Solo lo miro, como quien desafía o regaña a alguien, y se fue descontenta.
Ella necesitaba acostarse con alguien.

Fue a la ducha para luego comenzar a alistarse.
Cuando el novio toco a la puerta.
La oportunidad había llegado por sus propios pies.

A pesar de que toda su familia estaba allí.
Ella lo introdujo a la habitación y pasó el pestillo de prisa.
Comenzó a tentar si tenía terreno, a pesar del engaño descubierto.
Y noto que tenia una respuesta positiva de parte de él.

La lanzó contra la pared y comenzó a hacer su parte.
Ella no tenía tiempo, no podían entrar en detalles.
Lo echó sobre el suelo para pasar a ponerse sobre él.
Por fin obtendría lo que quería.

En ese momento pasa su madre gritando su nombre por el pasillo.
Ella lo tranquiliza, diciéndole que no los van a descubrir.
Que estaban seguros.
Pero su madre ya estaba moviendo la manija de la puerta.

Ella salto y se alejo lo más que pudo de él.
Aunque no podía disimular su desnudez.
Él había perdido todo el “ánimo”.
Frustrada lo despachó y se metió a la ducha.

Una vez fuera, arreglada y vestida de blanco, comenzó el terror.
Una señorita con micrófono al oído no la dejaba respirar tranquila.
La gente empezaba a salir de la iglesia aburrida.
Entraban al salón donde estaba ella y donde no debían verla.

Ella pidió, suplicó que volvieran entrar.
Pero la gente que salía era mas de la que podía controlar.
Grito. Grito como siempre había querido hacerlo.
Y se fue mandando a todos al demonio.

Huyendo a refugiarse en el cuarto de su madre.
Se tiro sobre el suelo intentando tranquilizarse.
Nadie la había visto entrar y escucho a escondidas una conversación.
Su madre le decía a su hermana: “Es su boda, puede hacerlo como quiera”

Agradecida por haber escuchado eso.
Salio con la sonrisa restaurada, sabiendo lo que tenia que hacer.
En el salón, donde ya estaban todos, pidió atención.
“La boda se cancela. Así es, se ha cancelado”

Ante la mirada de asombro y pena de los demás.
Ella no se encontraba más feliz.
Ella sólo lo quería a él.
Todos los demás eran sólo adornos.

Año nuevo

En la playa.
Las flores de colores en el cielo marcaban las 12.
Era como haber despertado de un sueño largo.
Comenzaba un nuevo año.


Aún sin saber donde o en que día estaba, respondía a los abrazos de los demás.
Mi abuela, su hermana, mi hermana.
Y lo único que podía pensar era que diablos hacia ahí.
Porque no estaba con él.
Cómo estaría mamá estando sola.


Para cuando el cielo ennegreció pude por fin ubicarme.
Corrí a la casa donde nos estábamos quedando.
Mi abuela y mis tíos veían desde la ventana los fuegos que aun quedaban.
Pedí un celular. No había señal.
Subí hasta el último piso, pero el aparato aun no servia.
Estaba sola, me faltaba mi mitad.
Tenía miedo, la depresión de mamá podía haber hecho cualquier cosa.


Estaba viviendo una pesadilla…
… dentro de mi lugar de ensueño.