lunes, 25 de julio de 2011

X

Estábamos ahí.
Le dirigí la palabra por primera vez.
De nuevo.
Me comporté educada, alegre y desinteresada como siempre.
Él me vio y sonrió.

Me senté junto a él para que dejaran de hablar a mis espaldas.
Hablamos como viejos amigos.
Caminamos y conversamos.
Habló de su vida, de sus amores y desamores.
Habló de su novia, a la cual yo conocía y él no sabía.
De ese hijo que no era suyo y el muy cojudo igual lo recibió.
De que ahora ni el niño ni ella eran suyos.

Estuvimos en mi cama, conversando con mi madre y con mi hermana.
Lo saludaron como alguien que no ve a un familiar por un buen tiempo.
Preguntó por mis perros, les dije que estaban felices.
Pregunté por su perra, se puso a llorar.
De alguna manera ya lo sabia.

Caminamos por el estacionamiento, me llevaba en brazos por alguna razón.
Me preguntó por ti, si aún me pretendías.
Me quedé callada y luego mirándolo a los ojos le dije que sí.
Le dije que estábamos comprometidos.
El desvió la mirada y mirando al frente actuó como si no le hubiera dolido.
Pero personas como él son muy fáciles de descifrar.
Sabía que con eso por fin habría roto cualquier lazo que nos unía.

martes, 12 de julio de 2011

Fearless

Sólo en sueños puedo entender, como yo puedo huir del miedo.
Tomar una navaja con las manos y salir riendo.
Mientras tu propinas golpes sin mucho esfuerzo.

Yo amenazo, hiero, pero no puedo matar.
Creo que al final mi conciencia si pesa.
Y lo unico que logramos es escapar.

De regreso por el camino nos vuelven a atacar.
Nos escondemos, esperamos, pero ya no mas.
Salimos a su encuentro y los encaramos.

Yo me encargo de los mas debiles
mientras tu cobras venganza
y los reduces al olvido.

Salimos victoriosos de la contienda.
Es increible lo que logramos cuando nos unimos.
Todo lo demas queda sin sentido.

Fiebre de estación

De viaje.
A veranear.
En pleno otoño.

Con gente que ya no reconozco.
Personas del pasado.
Caras olvidadas.

Ignorara las palabras que vuelan en el aire.
Mirar hacia el lado y con el rabillo medir al enemigo.
El paisaje no lo veo y sueño.

Es llegar, bajar, coger las maletas y caminar.
Nos juntamos, nos odiamos, nos perdemos.
Retomamos el camino a tiempo para cruzar el umbral.

Todos desaparecen.
Tú llegas. Mi familia esta ahí.
Y de pronto comienzo a sentirme mal.

Entramos al cuarto y yo vuelo en fiebre.
No logre si quiera ver la piscina.
Mi mala suerte no es algo que deba subestimar.

Te pido y te ruego, y tu cedes y me llevas.
Me despedía de la piscina sin si quiera haberla saludado.
Una piscina grande y llena de moho verde.

Yo maquino en mi cabeza una noche de sexo desenfrenado solos en casa.
Y tu le prometes a mamá que me dejas y regresas.
Que desilusión.

Pero mi descuido me gana, y rompo el termómetro.
Escupo y escupo. Debo quitarme todo el mercurio de la boca.
Moriré por mi torpeza.

22 de Febrero

Tú en el hospital, y yo sola recordando que tú y yo ya no somos.
Un martes triste.

Tú en la habitación de un hospital, y yo hablando con mi hermana en el baño.
A escondidas. Con miedo. Pensando en ti.

Tú, la razón por la que me armo de valor y corro a la puerta a buscarte.
Feliz, tomé una decisión estúpida, y ahora voy a enmendarlo.

Pero la sorpresa me la llevo yo cuando la veo a ella salir de tu cuarto.
Disfrutándolo. Saboreándolo. Tendiéndote una trampa.

Tu me ves, yo no me lo creo.
Ella sonríe victoriosa. Había ganado.

Pero tú la ignoras, me miras y me sonríes.
Yo corro a tus brazos, pidiendo perdón, pidiendo por el olvido.

Sellamos todo con un beso y una lágrima.
Ella arde en llamas y es consumida hasta las cenizas.

Tú y yo juntos de nuevo.
Mi mejor decisión.