martes, 12 de julio de 2011

Fiebre de estación

De viaje.
A veranear.
En pleno otoño.

Con gente que ya no reconozco.
Personas del pasado.
Caras olvidadas.

Ignorara las palabras que vuelan en el aire.
Mirar hacia el lado y con el rabillo medir al enemigo.
El paisaje no lo veo y sueño.

Es llegar, bajar, coger las maletas y caminar.
Nos juntamos, nos odiamos, nos perdemos.
Retomamos el camino a tiempo para cruzar el umbral.

Todos desaparecen.
Tú llegas. Mi familia esta ahí.
Y de pronto comienzo a sentirme mal.

Entramos al cuarto y yo vuelo en fiebre.
No logre si quiera ver la piscina.
Mi mala suerte no es algo que deba subestimar.

Te pido y te ruego, y tu cedes y me llevas.
Me despedía de la piscina sin si quiera haberla saludado.
Una piscina grande y llena de moho verde.

Yo maquino en mi cabeza una noche de sexo desenfrenado solos en casa.
Y tu le prometes a mamá que me dejas y regresas.
Que desilusión.

Pero mi descuido me gana, y rompo el termómetro.
Escupo y escupo. Debo quitarme todo el mercurio de la boca.
Moriré por mi torpeza.

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