Había cometido muchos errores.
Había mentido, robado y matado.
Había huido desconsolada.
Buscaba un lugar para esconderme.
Para no volver.
Que nadie volviera a saber de mí.
Pues de encontrarme, me hubieran puesto fin.
Había sido amenazada.
Había denunciado.
Había conocido a los Foo Fighters.
Y había tenido miedo.
Corrí como sólo corre una presa de su cazador.
Un solo tropiezo hubiera significado mi muerte.
Tropecé, lloré y pedí ayuda.
Pero era tarde, mi nombre sonaba por detrás.
Salí hacia la dura lluvia.
Busqué refugio y cómplices.
Pero él me halló.
Venía con su rostro sereno.
Su paso firme.
Un aura destrozada.
Se dice que lloro mi ausencia.
Que regresó desconsolado.
Ahora que me encontró, iba a hacer de todo para mantenerme a su lado.
No me juzgó.
No me condenó.
Tomó mi mano y caminamos de regreso a casa.
Me consoló y me quiso.
Me comprendió y no pidió explicaciones.
Yo me había hundido en lo más oscuro del pozo...
... y él había venido a buscarme.
domingo, 23 de agosto de 2009
viernes, 14 de agosto de 2009
Sueño 4
Estaba en la playa.
Una vez más.
Sucedió de todo.
Una vez más.
Me perdí, el agua se salió, tenía la ropa al revés, habían animales haciéndose los muertos.
La noche cayó.
Todas las criaturas malas salieron.
Yo estaba sola en una calle que no conocía.
Vinieron por mi. Dos personas.
Una bruja en medio de la calle nos comenzó a atacar.
Lanzaba pelotas envueltas en fuego.
Ellos pudieron evitarlas, pero yo no.
Y recibí dos.
Su "magia" me hizo perder el conocimiento.
Delirar.
Y en el carro de regreso a salvo gritaba tu nombre.
Mi hermana y tu hermano estaban ahí.
Y yo balbuceaba tu nombre.
Estabas ahí, pero no eras tú.
Porque me faltaba la seguridad de tu presencia.
Una vez más.
Sucedió de todo.
Una vez más.
Me perdí, el agua se salió, tenía la ropa al revés, habían animales haciéndose los muertos.
La noche cayó.
Todas las criaturas malas salieron.
Yo estaba sola en una calle que no conocía.
Vinieron por mi. Dos personas.
Una bruja en medio de la calle nos comenzó a atacar.
Lanzaba pelotas envueltas en fuego.
Ellos pudieron evitarlas, pero yo no.
Y recibí dos.
Su "magia" me hizo perder el conocimiento.
Delirar.
Y en el carro de regreso a salvo gritaba tu nombre.
Mi hermana y tu hermano estaban ahí.
Y yo balbuceaba tu nombre.
Estabas ahí, pero no eras tú.
Porque me faltaba la seguridad de tu presencia.
jueves, 13 de agosto de 2009
Sueño 3
Había llegado a tiempo.
El lugar parecia la antigua casa de mis abuelos.
Allí estaban Daniel y Joselyn.
Había comenzado el examen.
Yo estaba segura, pues ya lo había pasado antes.
De pronto un hombre entro a la habitación.
La recorrió por completo, observando cada detalle.
Luego sin mas se fue.
Lo seguí con la mirada.
Era ese tipo de personas en las que no confío.Cuando llegó a la calle, dobló por donde no podía verlo, pero sabía que le había hecho señas a otro hombre de la acera del otro lado porque ahora se dirigía hacía nosotros con cara de pocos amigos.
Dejé el lapicero sobre el examen, cogí mi cartera, mi consola portátil y me paré.
Les dije casi a gritos que se fueran ya, mientras yo salía lo más rápido posible.
En la puerta me crucé con el sujeto.
Cogí fuerte mis cosas y camine rápido, sin mirarlo a los ojos.
Para cuando llegué a la bodega de la esquina el hombre ya había entrado y comenzado a hacer su trabajo.
Intente llamar a la policía desde mi celular, pero estaba muy nerviosa para marcar.
Cuando por fín lo conseguí, la señorita me dijo que ya habían ido a la dirección (junín 100 o 110) y el hombre ya se había ido.
Eche un vistazo y el local estaba cerrado.
Los llamé para saber como estaban.
Estaba preocupada y angustiada.
Pero tranquila porque yo me había salvado.
El lugar parecia la antigua casa de mis abuelos.
Allí estaban Daniel y Joselyn.
Había comenzado el examen.
Yo estaba segura, pues ya lo había pasado antes.
De pronto un hombre entro a la habitación.
La recorrió por completo, observando cada detalle.
Luego sin mas se fue.
Lo seguí con la mirada.
Era ese tipo de personas en las que no confío.Cuando llegó a la calle, dobló por donde no podía verlo, pero sabía que le había hecho señas a otro hombre de la acera del otro lado porque ahora se dirigía hacía nosotros con cara de pocos amigos.
Dejé el lapicero sobre el examen, cogí mi cartera, mi consola portátil y me paré.
Les dije casi a gritos que se fueran ya, mientras yo salía lo más rápido posible.
En la puerta me crucé con el sujeto.
Cogí fuerte mis cosas y camine rápido, sin mirarlo a los ojos.
Para cuando llegué a la bodega de la esquina el hombre ya había entrado y comenzado a hacer su trabajo.
Intente llamar a la policía desde mi celular, pero estaba muy nerviosa para marcar.
Cuando por fín lo conseguí, la señorita me dijo que ya habían ido a la dirección (junín 100 o 110) y el hombre ya se había ido.
Eche un vistazo y el local estaba cerrado.
Los llamé para saber como estaban.
Estaba preocupada y angustiada.
Pero tranquila porque yo me había salvado.
miércoles, 12 de agosto de 2009
Sueño 2
El sueño comienza con los dos chicos en la playa.
La pareja de enamorados.
En un momento de calor.
Era la arena, la orilla, y las chispas que saltaban a cada roce.
El próximo movimiento era predecible.
Pero también interrumpido.
Ojos ajenos a los suyos observaban desde la lejanía.
No estaban solos.
Se apartaron a una bajada de tierra, donde él se pinchó con una flor e hizo un comentario sobre ella.
Alguno sugiero salir de allí, pues luego aparecieron ambos en el baño del departamento.
Estaban solos.
El piso era frío, pero no importaba.
Nadie los molestaría allí.
Hasta que de pronto él dejó de besarla, dejó de tocarla, cogió sus cosas y se fue.
Sin más.
Sin palabras.
Ella esperó, pensó saber que regresaría. Pero él no regresó.
Deambuló por la sala unos minutos; parecía que buscaba algo.
Luego simplemente salió por la puerta de atrás.
Ella no tenía ni la más mínima idea de que había sido eso, hasta que escuchó un ruido.
Unas pisadas.
Una presencia.
Un hombre había entrado a la casa.
Ella se cubrió con una camisa que le cubría la mitad de los muslos y corrió a esconderse tras una baranda.
El hombre pasó sin verla, y ella aprovechó para seguir el mismo camino que el muchacho.
Al salir lo buscó, pero no lo vió por ninguna parte de la playa.
El hombre estaba caminando hacia la puerta por donde había salido. Su única alternativa era tomar las escaleras de la derecha.
Al llegar al primer descanso encontró al muchacho escondido y haciéndole gestos para que guarde silencio.
Los pasos no se habían detenido: el guardián estaba subiendo las escaleras.
Los muchachos continuaron subiendo.
Los pasos los seguían por detrás.
Subieron hasta escuchar sólo el silencio.
Interrumpido por el crepitar de una radio que sonó desde abajo.
Se distinguía la voz del guardián, describiéndolos, informando de la situación y ordenando la captura.
Ellos emprendieron el descenso y se encontraron cara a cara con el guardián que había recibido la orden.
El hombre la miró, con sus ojos confirmaba la descripción dada, pero ella se excusó antes que le pidiera que se quite la ropa.
No llevaba mas que la blusa, pero eso el hombre nunca lo sabría.
Ella junto al muchacho lograron evadir una vez mas el problema.
Regresaron nuevamente a la playa.
Comenzaron la búsqueda de una nueva casa.
La pareja de enamorados.
En un momento de calor.
Era la arena, la orilla, y las chispas que saltaban a cada roce.
El próximo movimiento era predecible.
Pero también interrumpido.
Ojos ajenos a los suyos observaban desde la lejanía.
No estaban solos.
Se apartaron a una bajada de tierra, donde él se pinchó con una flor e hizo un comentario sobre ella.
Alguno sugiero salir de allí, pues luego aparecieron ambos en el baño del departamento.
Estaban solos.
El piso era frío, pero no importaba.
Nadie los molestaría allí.
Hasta que de pronto él dejó de besarla, dejó de tocarla, cogió sus cosas y se fue.
Sin más.
Sin palabras.
Ella esperó, pensó saber que regresaría. Pero él no regresó.
Deambuló por la sala unos minutos; parecía que buscaba algo.
Luego simplemente salió por la puerta de atrás.
Ella no tenía ni la más mínima idea de que había sido eso, hasta que escuchó un ruido.
Unas pisadas.
Una presencia.
Un hombre había entrado a la casa.
Ella se cubrió con una camisa que le cubría la mitad de los muslos y corrió a esconderse tras una baranda.
El hombre pasó sin verla, y ella aprovechó para seguir el mismo camino que el muchacho.
Al salir lo buscó, pero no lo vió por ninguna parte de la playa.
El hombre estaba caminando hacia la puerta por donde había salido. Su única alternativa era tomar las escaleras de la derecha.
Al llegar al primer descanso encontró al muchacho escondido y haciéndole gestos para que guarde silencio.
Los pasos no se habían detenido: el guardián estaba subiendo las escaleras.
Los muchachos continuaron subiendo.
Los pasos los seguían por detrás.
Subieron hasta escuchar sólo el silencio.
Interrumpido por el crepitar de una radio que sonó desde abajo.
Se distinguía la voz del guardián, describiéndolos, informando de la situación y ordenando la captura.
Ellos emprendieron el descenso y se encontraron cara a cara con el guardián que había recibido la orden.
El hombre la miró, con sus ojos confirmaba la descripción dada, pero ella se excusó antes que le pidiera que se quite la ropa.
No llevaba mas que la blusa, pero eso el hombre nunca lo sabría.
Ella junto al muchacho lograron evadir una vez mas el problema.
Regresaron nuevamente a la playa.
Comenzaron la búsqueda de una nueva casa.
jueves, 6 de agosto de 2009
Sueño 1
Estaban en una iglesia. No sé el motivo.
De pronto comenzó la batalla.
Por detrás del púlpito, de donde aparecía una escalera en caracol ascendente, salieron unos soldados vestidos en camuflaje caqui que comenzaron a disparar por todos lados.
Su blanco eran los chicos.
Los hijos del rey se encontraban en la primera fila de las bancas; ahora intentaban huir como podían.
Se quedaron atónitos viendo la escena desde el pasillo que separaba las dos filas de asientos.
El quinto descendiente tropezó y no pudo llegar hasta donde se ocultaban sus hermanos.
De pronto se dio cuenta que los soldados lo veían como una fiera observa a su presa. Despertó de su sueño y se refugio con sus hermanos.
Desde otro lado, por la lateral izquierda de la iglesia, mas soldados bajaban por escaleras, atacando a gente inocente.
Entonces yo ya sabia cual había sido su motivo, y que ya lo habían llevado a cabo con éxito: debían matar al descendiente directo del rey, a Michael, el primogénito.
Y el rey también había muerto en su defensa.
Los príncipes salieron de la iglesia y corrieron entre la multitud por la calle.
No se dieron cuenta que en la confusión el nuevo príncipe heredero y la princesa se habían separado de ellos.
Quedaban entonces los más jóvenes huyendo por sus vidas.
En un callejón se encontraron entrando hacia la boca del lobo: del otro lado llegaban mas soldados y ya los habían detectado.
Regresaron sobre sus pasos sólo para darse cuenta que un tanque los esperaba cargado y listo para la persecución.
Los niños corrieron con las pocas fuerzas que les quedaban. Por suerte pudieron esconderse tras unas rejas y evadir el ataque, justo cuando su madre aparecía tras ellos siguiéndolos en un deportivo.
Se detuvieron frente a la puerta de metal amarilla y pasaron.
Dentro los esperaba una nana bastante sorprendida y preocupada a la vez.
Se instalaron en la sala y enviaron al mas pequeño y a los mellizos a dormir al cuarto.
Sólo quedaron la reina, la nana, el niño y el adolescente.
Mientras el niño dejaba salir toda la adrenalina que aun le quedaba, la reina comenzó a relatar historias de su pasado que nunca antes había revelado.
Capaz creían que no escuchaba, o que no entendería, pero por alguna razón el niño sabía de lo que estaban hablando.
Como reacción a la fatiga, sus párpados no aguantaron más y cedieron.
Cabeceó tan sólo por un momento, hasta que su madre se dio cuenta.
Su hermano, como buen hermano mayor, le jugó una broma, y entonces la reina los mando a dormir.
El niño sólo se quejó una vez, para que sepan que él también podía opinar, y luego se retiró porque sabía que no podría seguir luchando contra el sueño.
De pronto comenzó la batalla.
Por detrás del púlpito, de donde aparecía una escalera en caracol ascendente, salieron unos soldados vestidos en camuflaje caqui que comenzaron a disparar por todos lados.
Su blanco eran los chicos.
Los hijos del rey se encontraban en la primera fila de las bancas; ahora intentaban huir como podían.
Se quedaron atónitos viendo la escena desde el pasillo que separaba las dos filas de asientos.
El quinto descendiente tropezó y no pudo llegar hasta donde se ocultaban sus hermanos.
De pronto se dio cuenta que los soldados lo veían como una fiera observa a su presa. Despertó de su sueño y se refugio con sus hermanos.
Desde otro lado, por la lateral izquierda de la iglesia, mas soldados bajaban por escaleras, atacando a gente inocente.
Entonces yo ya sabia cual había sido su motivo, y que ya lo habían llevado a cabo con éxito: debían matar al descendiente directo del rey, a Michael, el primogénito.
Y el rey también había muerto en su defensa.
Los príncipes salieron de la iglesia y corrieron entre la multitud por la calle.
No se dieron cuenta que en la confusión el nuevo príncipe heredero y la princesa se habían separado de ellos.
Quedaban entonces los más jóvenes huyendo por sus vidas.
En un callejón se encontraron entrando hacia la boca del lobo: del otro lado llegaban mas soldados y ya los habían detectado.
Regresaron sobre sus pasos sólo para darse cuenta que un tanque los esperaba cargado y listo para la persecución.
Los niños corrieron con las pocas fuerzas que les quedaban. Por suerte pudieron esconderse tras unas rejas y evadir el ataque, justo cuando su madre aparecía tras ellos siguiéndolos en un deportivo.
Se detuvieron frente a la puerta de metal amarilla y pasaron.
Dentro los esperaba una nana bastante sorprendida y preocupada a la vez.
Se instalaron en la sala y enviaron al mas pequeño y a los mellizos a dormir al cuarto.
Sólo quedaron la reina, la nana, el niño y el adolescente.
Mientras el niño dejaba salir toda la adrenalina que aun le quedaba, la reina comenzó a relatar historias de su pasado que nunca antes había revelado.
Capaz creían que no escuchaba, o que no entendería, pero por alguna razón el niño sabía de lo que estaban hablando.
Como reacción a la fatiga, sus párpados no aguantaron más y cedieron.
Cabeceó tan sólo por un momento, hasta que su madre se dio cuenta.
Su hermano, como buen hermano mayor, le jugó una broma, y entonces la reina los mando a dormir.
El niño sólo se quejó una vez, para que sepan que él también podía opinar, y luego se retiró porque sabía que no podría seguir luchando contra el sueño.
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