jueves, 6 de agosto de 2009

Sueño 1

Estaban en una iglesia. No sé el motivo.

De pronto comenzó la batalla.

Por detrás del púlpito, de donde aparecía una escalera en caracol ascendente, salieron unos soldados vestidos en camuflaje caqui que comenzaron a disparar por todos lados.
Su blanco eran los chicos.

Los hijos del rey se encontraban en la primera fila de las bancas; ahora intentaban huir como podían.
Se quedaron atónitos viendo la escena desde el pasillo que separaba las dos filas de asientos.
El quinto descendiente tropezó y no pudo llegar hasta donde se ocultaban sus hermanos.
De pronto se dio cuenta que los soldados lo veían como una fiera observa a su presa. Despertó de su sueño y se refugio con sus hermanos.

Desde otro lado, por la lateral izquierda de la iglesia, mas soldados bajaban por escaleras, atacando a gente inocente.
Entonces yo ya sabia cual había sido su motivo, y que ya lo habían llevado a cabo con éxito: debían matar al descendiente directo del rey, a Michael, el primogénito.
Y el rey también había muerto en su defensa.

Los príncipes salieron de la iglesia y corrieron entre la multitud por la calle.
No se dieron cuenta que en la confusión el nuevo príncipe heredero y la princesa se habían separado de ellos.
Quedaban entonces los más jóvenes huyendo por sus vidas.

En un callejón se encontraron entrando hacia la boca del lobo: del otro lado llegaban mas soldados y ya los habían detectado.
Regresaron sobre sus pasos sólo para darse cuenta que un tanque los esperaba cargado y listo para la persecución.
Los niños corrieron con las pocas fuerzas que les quedaban. Por suerte pudieron esconderse tras unas rejas y evadir el ataque, justo cuando su madre aparecía tras ellos siguiéndolos en un deportivo.

Se detuvieron frente a la puerta de metal amarilla y pasaron.
Dentro los esperaba una nana bastante sorprendida y preocupada a la vez.
Se instalaron en la sala y enviaron al mas pequeño y a los mellizos a dormir al cuarto.
Sólo quedaron la reina, la nana, el niño y el adolescente.

Mientras el niño dejaba salir toda la adrenalina que aun le quedaba, la reina comenzó a relatar historias de su pasado que nunca antes había revelado.
Capaz creían que no escuchaba, o que no entendería, pero por alguna razón el niño sabía de lo que estaban hablando.

Como reacción a la fatiga, sus párpados no aguantaron más y cedieron.
Cabeceó tan sólo por un momento, hasta que su madre se dio cuenta.
Su hermano, como buen hermano mayor, le jugó una broma, y entonces la reina los mando a dormir.

El niño sólo se quejó una vez, para que sepan que él también podía opinar, y luego se retiró porque sabía que no podría seguir luchando contra el sueño.

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