miércoles, 12 de agosto de 2009

Sueño 2

El sueño comienza con los dos chicos en la playa.
La pareja de enamorados.
En un momento de calor.

Era la arena, la orilla, y las chispas que saltaban a cada roce.
El próximo movimiento era predecible.
Pero también interrumpido.
Ojos ajenos a los suyos observaban desde la lejanía.
No estaban solos.

Se apartaron a una bajada de tierra, donde él se pinchó con una flor e hizo un comentario sobre ella.
Alguno sugiero salir de allí, pues luego aparecieron ambos en el baño del departamento.

Estaban solos.
El piso era frío, pero no importaba.
Nadie los molestaría allí.

Hasta que de pronto él dejó de besarla, dejó de tocarla, cogió sus cosas y se fue.
Sin más.
Sin palabras.
Ella esperó, pensó saber que regresaría. Pero él no regresó.
Deambuló por la sala unos minutos; parecía que buscaba algo.
Luego simplemente salió por la puerta de atrás.

Ella no tenía ni la más mínima idea de que había sido eso, hasta que escuchó un ruido.
Unas pisadas.
Una presencia.

Un hombre había entrado a la casa.
Ella se cubrió con una camisa que le cubría la mitad de los muslos y corrió a esconderse tras una baranda.
El hombre pasó sin verla, y ella aprovechó para seguir el mismo camino que el muchacho.
Al salir lo buscó, pero no lo vió por ninguna parte de la playa.
El hombre estaba caminando hacia la puerta por donde había salido. Su única alternativa era tomar las escaleras de la derecha.

Al llegar al primer descanso encontró al muchacho escondido y haciéndole gestos para que guarde silencio.
Los pasos no se habían detenido: el guardián estaba subiendo las escaleras.

Los muchachos continuaron subiendo.
Los pasos los seguían por detrás.
Subieron hasta escuchar sólo el silencio.
Interrumpido por el crepitar de una radio que sonó desde abajo.
Se distinguía la voz del guardián, describiéndolos, informando de la situación y ordenando la captura.

Ellos emprendieron el descenso y se encontraron cara a cara con el guardián que había recibido la orden.
El hombre la miró, con sus ojos confirmaba la descripción dada, pero ella se excusó antes que le pidiera que se quite la ropa.
No llevaba mas que la blusa, pero eso el hombre nunca lo sabría.

Ella junto al muchacho lograron evadir una vez mas el problema.
Regresaron nuevamente a la playa.
Comenzaron la búsqueda de una nueva casa.

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