martes, 27 de octubre de 2009

Insomnio

La cara de una mujer anciana arrugada y quemada.
Levantandose de la cama.

La preocupacion de un virus cibernetico.
Mi informacion perdida.

Tu ...
Me dijeron que te vas.

sábado, 19 de septiembre de 2009

El Engaño

Tú y yo no hablamos.
Salimos de paseo.
Y mientras yo estoy en el bus junto a un pata de lo más insoportable.
Tú te pavoneas por el pasillo con ella.

Ni siquiera me miras y me ignoras sin piedad.
Pasas delante mio cogiéndola por la cintura.
Y ella sonríe triunfadora.
Yo me ahogo en mi asiento deseando morir.

Pero el intento es en vano.
El insoportable de mi costado de pronto se convierte en mi salvador.
Yo intento respirar más tranquila.
Mirando por la ventana para no mirarte a ti.

Al llegar a nuestro destino, mi antigua casa.
Tú no te separas de ella.
Y juntos eligen el cuarto donde se quedaran.
El cuarto que yo elegí, mi cuarto.

Ella salta y chilla diciendo que me vaya.
Yo sólo alego que es mi habitación, es mi cama, y que ustedes pueden tomar la otra.
Si quieren.
Yo no quería, pero no podía dejar salir a mi corazón herido.

Desafiante ella se quedó, y frente a mi pisoteo lo poco que me quedaba de dignidad.
Se despidió de ti dándome a mi una última mirada.
Y entonces quedamos los dos solos.
En una habitación sofocante y con el kit de primeros auxilios a la mano.

Tú te acercaste a mi queriendo conquistarme de nuevo.
Yo me batí en tus brazos, dolida por el engaño, pero a gusto a tu lado.
Tú te comportabas como si nada hubiera pasado.
Y yo te gritaba y te preguntaba por qué me habías hecho eso.

Tu defensa fue la misma que la acusación: engaño.
Dijiste que solamente estabas jugando con ella.
Que era un experimento más, que no era nadie especial.
Que sólo había sido un juego y que me querías a mí.

Pero el daño ya estaba hecho.
La grieta era muy profunda para curarla.
Y habías elegido a la peor persona hacerlo.
Tus argumentos se los llevó el viento.

Quedamos en un perdón tácito.
Irías a terminar con su mente.
Pero la mitad de mi alma ya estaba destrozada.
Ahora era alguien que andaba sin ti.

Cuando te preguntaron por mí.
Sentiste el dolor en ese hueco inexpicable.
Te diste cuenta de lo que habías hecho.
Y del precio que tendrías que pagar por él.

Yo ya no estaba allí.
Y tú tampoco.
Fue un final triste.
Y un sueño roto.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Dolor

La garganta me estaba matando de nuevo.
Apenas podía tragar saliva, y mamá continuaba diciendo que no era nada.

Yo me quejaba, pero no chillaba.
Hasta que de pronto pasar el aire ya era insoportable.
Le pedí a mamá una vez más que por favor vayamos a la clínica.
Salimos todos para allá, caminando.

El dolor se hacía cada vez más insufrible.
Mamá continuaba quejándose diciendo que no era nada.
Hasta que intentó convencerme a mi de eso.
Yo ya no podía ni hablar y sólo atine a pegarle en el brazo.
Y me fui para atrás.

Ella vino a mi encuentro.
Sin sangre en la cara me preguntó por qué había reaccionado así.
La maté con la mirada.
No se volvió a acercar.

Caminamos hasta unas galerías recomendadas.
Yo ya no podía más con la garganta.
Me dolía tanto que tenía que gritar.
Pero hacerlo hizo que me doliera el doble.

Todos se asustaron cuando lo hice.
Parece que recién se dieron cuenta de la magnitud de mi sufrimiento.
Entonces actuaron de prisa.
Nos indicaron donde podíamos conseguir carne argentina.
Habían dicho que eso me curaría.

Yo continuaba gritando a pulmón gastado.
Tratando de aliviar el dolor.
Llegamos al stand que vendía chucherías.

Me levante con la garganta adolorida.
En una mala posición.
Roté la cabeza y recobré el sueño.

Boda

Todo estaba listo.
El día había llegado.
Y la novia quería acostarse con alguien.
Como loba en celo se abalanzó sobre el primer hombre sentado en un sofá.
Pero su acto, a pesar de estar dando resultados, no se consumo.
El novio la estaba mirando desde el umbral de la puerta.

Ella ni siquiera tuvo la molestia de disculparse o de llorar.
Solo lo miro, como quien desafía o regaña a alguien, y se fue descontenta.
Ella necesitaba acostarse con alguien.

Fue a la ducha para luego comenzar a alistarse.
Cuando el novio toco a la puerta.
La oportunidad había llegado por sus propios pies.

A pesar de que toda su familia estaba allí.
Ella lo introdujo a la habitación y pasó el pestillo de prisa.
Comenzó a tentar si tenía terreno, a pesar del engaño descubierto.
Y noto que tenia una respuesta positiva de parte de él.

La lanzó contra la pared y comenzó a hacer su parte.
Ella no tenía tiempo, no podían entrar en detalles.
Lo echó sobre el suelo para pasar a ponerse sobre él.
Por fin obtendría lo que quería.

En ese momento pasa su madre gritando su nombre por el pasillo.
Ella lo tranquiliza, diciéndole que no los van a descubrir.
Que estaban seguros.
Pero su madre ya estaba moviendo la manija de la puerta.

Ella salto y se alejo lo más que pudo de él.
Aunque no podía disimular su desnudez.
Él había perdido todo el “ánimo”.
Frustrada lo despachó y se metió a la ducha.

Una vez fuera, arreglada y vestida de blanco, comenzó el terror.
Una señorita con micrófono al oído no la dejaba respirar tranquila.
La gente empezaba a salir de la iglesia aburrida.
Entraban al salón donde estaba ella y donde no debían verla.

Ella pidió, suplicó que volvieran entrar.
Pero la gente que salía era mas de la que podía controlar.
Grito. Grito como siempre había querido hacerlo.
Y se fue mandando a todos al demonio.

Huyendo a refugiarse en el cuarto de su madre.
Se tiro sobre el suelo intentando tranquilizarse.
Nadie la había visto entrar y escucho a escondidas una conversación.
Su madre le decía a su hermana: “Es su boda, puede hacerlo como quiera”

Agradecida por haber escuchado eso.
Salio con la sonrisa restaurada, sabiendo lo que tenia que hacer.
En el salón, donde ya estaban todos, pidió atención.
“La boda se cancela. Así es, se ha cancelado”

Ante la mirada de asombro y pena de los demás.
Ella no se encontraba más feliz.
Ella sólo lo quería a él.
Todos los demás eran sólo adornos.

Año nuevo

En la playa.
Las flores de colores en el cielo marcaban las 12.
Era como haber despertado de un sueño largo.
Comenzaba un nuevo año.


Aún sin saber donde o en que día estaba, respondía a los abrazos de los demás.
Mi abuela, su hermana, mi hermana.
Y lo único que podía pensar era que diablos hacia ahí.
Porque no estaba con él.
Cómo estaría mamá estando sola.


Para cuando el cielo ennegreció pude por fin ubicarme.
Corrí a la casa donde nos estábamos quedando.
Mi abuela y mis tíos veían desde la ventana los fuegos que aun quedaban.
Pedí un celular. No había señal.
Subí hasta el último piso, pero el aparato aun no servia.
Estaba sola, me faltaba mi mitad.
Tenía miedo, la depresión de mamá podía haber hecho cualquier cosa.


Estaba viviendo una pesadilla…
… dentro de mi lugar de ensueño.

domingo, 23 de agosto de 2009

Sueño 5

Había cometido muchos errores.
Había mentido, robado y matado.
Había huido desconsolada.
Buscaba un lugar para esconderme.
Para no volver.

Que nadie volviera a saber de mí.
Pues de encontrarme, me hubieran puesto fin.

Había sido amenazada.
Había denunciado.
Había conocido a los Foo Fighters.
Y había tenido miedo.

Corrí como sólo corre una presa de su cazador.
Un solo tropiezo hubiera significado mi muerte.
Tropecé, lloré y pedí ayuda.
Pero era tarde, mi nombre sonaba por detrás.

Salí hacia la dura lluvia.
Busqué refugio y cómplices.
Pero él me halló.

Venía con su rostro sereno.
Su paso firme.
Un aura destrozada.

Se dice que lloro mi ausencia.
Que regresó desconsolado.
Ahora que me encontró, iba a hacer de todo para mantenerme a su lado.

No me juzgó.
No me condenó.
Tomó mi mano y caminamos de regreso a casa.

Me consoló y me quiso.
Me comprendió y no pidió explicaciones.
Yo me había hundido en lo más oscuro del pozo...
... y él había venido a buscarme.

viernes, 14 de agosto de 2009

Sueño 4

Estaba en la playa.
Una vez más.
Sucedió de todo.
Una vez más.
Me perdí, el agua se salió, tenía la ropa al revés, habían animales haciéndose los muertos.

La noche cayó.
Todas las criaturas malas salieron.
Yo estaba sola en una calle que no conocía.
Vinieron por mi. Dos personas.

Una bruja en medio de la calle nos comenzó a atacar.
Lanzaba pelotas envueltas en fuego.
Ellos pudieron evitarlas, pero yo no.
Y recibí dos.

Su "magia" me hizo perder el conocimiento.
Delirar.
Y en el carro de regreso a salvo gritaba tu nombre.
Mi hermana y tu hermano estaban ahí.
Y yo balbuceaba tu nombre.
Estabas ahí, pero no eras tú.
Porque me faltaba la seguridad de tu presencia.

jueves, 13 de agosto de 2009

Sueño 3

Había llegado a tiempo.
El lugar parecia la antigua casa de mis abuelos.
Allí estaban Daniel y Joselyn.

Había comenzado el examen.
Yo estaba segura, pues ya lo había pasado antes.

De pronto un hombre entro a la habitación.
La recorrió por completo, observando cada detalle.
Luego sin mas se fue.

Lo seguí con la mirada.
Era ese tipo de personas en las que no confío.Cuando llegó a la calle, dobló por donde no podía verlo, pero sabía que le había hecho señas a otro hombre de la acera del otro lado porque ahora se dirigía hacía nosotros con cara de pocos amigos.

Dejé el lapicero sobre el examen, cogí mi cartera, mi consola portátil y me paré.
Les dije casi a gritos que se fueran ya, mientras yo salía lo más rápido posible.
En la puerta me crucé con el sujeto.
Cogí fuerte mis cosas y camine rápido, sin mirarlo a los ojos.

Para cuando llegué a la bodega de la esquina el hombre ya había entrado y comenzado a hacer su trabajo.
Intente llamar a la policía desde mi celular, pero estaba muy nerviosa para marcar.
Cuando por fín lo conseguí, la señorita me dijo que ya habían ido a la dirección (junín 100 o 110) y el hombre ya se había ido.

Eche un vistazo y el local estaba cerrado.
Los llamé para saber como estaban.
Estaba preocupada y angustiada.
Pero tranquila porque yo me había salvado.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Sueño 2

El sueño comienza con los dos chicos en la playa.
La pareja de enamorados.
En un momento de calor.

Era la arena, la orilla, y las chispas que saltaban a cada roce.
El próximo movimiento era predecible.
Pero también interrumpido.
Ojos ajenos a los suyos observaban desde la lejanía.
No estaban solos.

Se apartaron a una bajada de tierra, donde él se pinchó con una flor e hizo un comentario sobre ella.
Alguno sugiero salir de allí, pues luego aparecieron ambos en el baño del departamento.

Estaban solos.
El piso era frío, pero no importaba.
Nadie los molestaría allí.

Hasta que de pronto él dejó de besarla, dejó de tocarla, cogió sus cosas y se fue.
Sin más.
Sin palabras.
Ella esperó, pensó saber que regresaría. Pero él no regresó.
Deambuló por la sala unos minutos; parecía que buscaba algo.
Luego simplemente salió por la puerta de atrás.

Ella no tenía ni la más mínima idea de que había sido eso, hasta que escuchó un ruido.
Unas pisadas.
Una presencia.

Un hombre había entrado a la casa.
Ella se cubrió con una camisa que le cubría la mitad de los muslos y corrió a esconderse tras una baranda.
El hombre pasó sin verla, y ella aprovechó para seguir el mismo camino que el muchacho.
Al salir lo buscó, pero no lo vió por ninguna parte de la playa.
El hombre estaba caminando hacia la puerta por donde había salido. Su única alternativa era tomar las escaleras de la derecha.

Al llegar al primer descanso encontró al muchacho escondido y haciéndole gestos para que guarde silencio.
Los pasos no se habían detenido: el guardián estaba subiendo las escaleras.

Los muchachos continuaron subiendo.
Los pasos los seguían por detrás.
Subieron hasta escuchar sólo el silencio.
Interrumpido por el crepitar de una radio que sonó desde abajo.
Se distinguía la voz del guardián, describiéndolos, informando de la situación y ordenando la captura.

Ellos emprendieron el descenso y se encontraron cara a cara con el guardián que había recibido la orden.
El hombre la miró, con sus ojos confirmaba la descripción dada, pero ella se excusó antes que le pidiera que se quite la ropa.
No llevaba mas que la blusa, pero eso el hombre nunca lo sabría.

Ella junto al muchacho lograron evadir una vez mas el problema.
Regresaron nuevamente a la playa.
Comenzaron la búsqueda de una nueva casa.

jueves, 6 de agosto de 2009

Sueño 1

Estaban en una iglesia. No sé el motivo.

De pronto comenzó la batalla.

Por detrás del púlpito, de donde aparecía una escalera en caracol ascendente, salieron unos soldados vestidos en camuflaje caqui que comenzaron a disparar por todos lados.
Su blanco eran los chicos.

Los hijos del rey se encontraban en la primera fila de las bancas; ahora intentaban huir como podían.
Se quedaron atónitos viendo la escena desde el pasillo que separaba las dos filas de asientos.
El quinto descendiente tropezó y no pudo llegar hasta donde se ocultaban sus hermanos.
De pronto se dio cuenta que los soldados lo veían como una fiera observa a su presa. Despertó de su sueño y se refugio con sus hermanos.

Desde otro lado, por la lateral izquierda de la iglesia, mas soldados bajaban por escaleras, atacando a gente inocente.
Entonces yo ya sabia cual había sido su motivo, y que ya lo habían llevado a cabo con éxito: debían matar al descendiente directo del rey, a Michael, el primogénito.
Y el rey también había muerto en su defensa.

Los príncipes salieron de la iglesia y corrieron entre la multitud por la calle.
No se dieron cuenta que en la confusión el nuevo príncipe heredero y la princesa se habían separado de ellos.
Quedaban entonces los más jóvenes huyendo por sus vidas.

En un callejón se encontraron entrando hacia la boca del lobo: del otro lado llegaban mas soldados y ya los habían detectado.
Regresaron sobre sus pasos sólo para darse cuenta que un tanque los esperaba cargado y listo para la persecución.
Los niños corrieron con las pocas fuerzas que les quedaban. Por suerte pudieron esconderse tras unas rejas y evadir el ataque, justo cuando su madre aparecía tras ellos siguiéndolos en un deportivo.

Se detuvieron frente a la puerta de metal amarilla y pasaron.
Dentro los esperaba una nana bastante sorprendida y preocupada a la vez.
Se instalaron en la sala y enviaron al mas pequeño y a los mellizos a dormir al cuarto.
Sólo quedaron la reina, la nana, el niño y el adolescente.

Mientras el niño dejaba salir toda la adrenalina que aun le quedaba, la reina comenzó a relatar historias de su pasado que nunca antes había revelado.
Capaz creían que no escuchaba, o que no entendería, pero por alguna razón el niño sabía de lo que estaban hablando.

Como reacción a la fatiga, sus párpados no aguantaron más y cedieron.
Cabeceó tan sólo por un momento, hasta que su madre se dio cuenta.
Su hermano, como buen hermano mayor, le jugó una broma, y entonces la reina los mando a dormir.

El niño sólo se quejó una vez, para que sepan que él también podía opinar, y luego se retiró porque sabía que no podría seguir luchando contra el sueño.