Un martes triste.
Tú en la habitación de un hospital, y yo hablando con mi hermana en el baño.
A escondidas. Con miedo. Pensando en ti.
Tú, la razón por la que me armo de valor y corro a la puerta a buscarte.
Feliz, tomé una decisión estúpida, y ahora voy a enmendarlo.
Pero la sorpresa me la llevo yo cuando la veo a ella salir de tu cuarto.
Disfrutándolo. Saboreándolo. Tendiéndote una trampa.
Tu me ves, yo no me lo creo.
Ella sonríe victoriosa. Había ganado.
Pero tú la ignoras, me miras y me sonríes.
Yo corro a tus brazos, pidiendo perdón, pidiendo por el olvido.
Sellamos todo con un beso y una lágrima.
Ella arde en llamas y es consumida hasta las cenizas.
Tú y yo juntos de nuevo.
Mi mejor decisión.

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