Pero no te iba a dejar solo con ella.
Vine detrás tuyo.
Y hasta a mis perros traje.
Una casa grande.
Supongo que se necesita espacio para tanta gente.
Ella nos recibe.
Y tu actúas naturalmente.
Subimos a su habitación.
Ella no me quiere ahí, pero sabe comportarse.
Yo la quiero matar, pero necesito que me de un motivo.
Por consiguiente, la fiesta va marchando en paz.
Tu hablas con ella, conversan, recuerdan.
Yo mantengo mi distancia.
Demostrándole que soy mejor mujer que ella.
Mientras voy recogiendo información relevante.
Intentamos ser amigas.
Ella me presta un poco de su ropa.
Yo elogio sus accesorios.
Todo en un ambiente fingido y decorado.
Por momento te roba de mi lado.
Te lleva con sus amigas.
Te conversa a escondidas.
Y yo debo mantener la sonrisa para no perder la cordura.
Ella te ha pedido un favor: acompañarla a algún lugar olvidado.
No rechaza la idea de que yo los acompañe.
Sólo te pido un taxi para poder ir a mi casa a dejar mis perros.
Le comentas el plan a ella y no se niega a aceptarlo.
Abajo, mientras esperamos el taxi, se va desarrollando una fiesta.
La pierdo de vista y aprovecho para volver a su habitación.
Había olvidado mis cosas en ella.
Al subir descubro un video en su computadora.
Era ella, contigo.
Un video pasado, que se repetía sin cesar.
Era la evidencia que necesitaba, el pasado.
Y no lo iba a dejar ganar.
Fui a decírtelo y lo primero que me dijiste fue:
"¿Que haces en su habitación?, ¿quien te crees?"
Yo sólo te respondí un "¡Cállate!".
Pero ella ya había echo su aparición y no pude seguir.
Te pregunté cuánto más demoraría el taxi.
Ella nos preguntó si queríamos un cigarro.
Yo me negué. Tu no.
Entonces supe que la estabas pasando bien.
Fui hacia ti, moviendo las caderas bajo la falda.
Caminé hasta que estuvieras a una corta distancia de mis pechos.
Te miré directo a lo ojos y hablé en voz bajita.
No podías negarte a mi ahora.
Después de un momento de silencio sentí tus dedos bajo la falda.
Me tomaste por sorpresa, pero supe que había ganado.
Dejé que las sensaciones se apoderaran de mi.
Por un momento, no hubo ni fiesta ni enemiga.
Detrás tuyo una sombra se escondió.
Fue imperceptible, pero quise creer que era ella quien nos había descubierto.
Te sugerí huir de ahí y perdernos entre las sabanas de algún lugar clandestino.
Era mi recompensa por ser declarada Vencedora.

Mátala! ahahahaha
ResponderEliminarBieeen!!!!.... buen post...m gustó!...
ResponderEliminar