viernes, 5 de agosto de 2011

La Boda

Él había regresado a mi, y ahora íbamos a casarnos.
Nuestras familias estaban presentes, nuestros amigos estaban presentes.
Pero no estabas tu, y no hacía nada para impedirlo.

Estábamos felices, sinceramente felices.
Yo llevaba mi vestido blanco soñado y él se veía tan elegante en su terno.

Pero sabía que algo iba a pasar, que una bomba iba explotar.
Iba por ahí toda de blanco avisando a los presentes que me llamaran si algo sospechoso pasaba.
Todos me miraban consternados, pero lograba hacer que me dieran su palabra.

Mamá había traído para mi a su cantante favorito, cantaría en mi propia boda.
Lo había imaginado miles de veces en sueños, y ahora se convertiría en realidad.

Pero yo lo quería contigo, y ahí estabas tú.
Aparecías con tu imagen de siempre y me sonreías como si nada hubiera pasado.
Entonces ahora era verdaderamente feliz y me disponía a enseñarte a bailar.

Afuera un ser ajeno vestido de naranja venia a arruinarme la noche.
Alguien que simplemente cobrara venganza.

De vuelta a la fiesta, ya no volvías a asomarte, y él vino hacía mi a decirme que todo ya estaba listo.
Le pregunte si había advertido a su familia, y me dijo que sí mientras me rodeaba con sus brazos.
Así la noche transcurrió y ahora llevaba un anillo nuevo y un apellido prestado.

Pero de pronto tuvimos que huir, una mujer loca vestida de novia me venia a matar.
Corrimos al rededor de la calle, doblamos por esquinas hasta llegar a la casa de alguien.

Allí celebraríamos la noche de bodas, que se resumía a pijamada con monopolio.
Habías logrado engañar a la celosa haciéndole creer que irías por ella.
Yo sentía que mi venganza había sido consumada.

Entonces el sueño comenzaba de nuevo, pero no era el mismo.
Era el día siguiente y caminábamos a donde anteriormente nos habíamos dado el sí.

No había nadie y mi madre insistía en que vayamos.
Hasta que caí en cuenta que iba a recoger mis regalos de boda.
Por lo cual ella y yo tuvimos una discusión y en resumidas cuentas no recogí nada.

Otra vez me encontraba de regreso en mi fiesta.
Discutiendo con la organizadora por unas costillas que nunca llegaron.

Y para culminar, estaba yo en el trabajo, junto a ti y la madre de tu hijo.
Ella hervía en rabia e impotencia al saber que le había ganado.
Había dejado en claro que ella no ocuparía mi lugar.

2 comentarios:

  1. muy triste si de ti es de quien se habla en tus historias.

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  2. Hola, preciosas letras van desnudando la pura e integral belleza de este blog, si te va la palabra elegida, la poesía, te invito al mio,será un placer,es,
    http://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
    gracias, buen día, besos numantinos..

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