Nuestras familias estaban presentes, nuestros amigos estaban presentes.
Pero no estabas tu, y no hacía nada para impedirlo.
Estábamos felices, sinceramente felices.
Yo llevaba mi vestido blanco soñado y él se veía tan elegante en su terno.
Pero sabía que algo iba a pasar, que una bomba iba explotar.
Iba por ahí toda de blanco avisando a los presentes que me llamaran si algo sospechoso pasaba.
Todos me miraban consternados, pero lograba hacer que me dieran su palabra.
Mamá había traído para mi a su cantante favorito, cantaría en mi propia boda.
Lo había imaginado miles de veces en sueños, y ahora se convertiría en realidad.
Pero yo lo quería contigo, y ahí estabas tú.
Aparecías con tu imagen de siempre y me sonreías como si nada hubiera pasado.
Entonces ahora era verdaderamente feliz y me disponía a enseñarte a bailar.
Afuera un ser ajeno vestido de naranja venia a arruinarme la noche.
Alguien que simplemente cobrara venganza.
De vuelta a la fiesta, ya no volvías a asomarte, y él vino hacía mi a decirme que todo ya estaba listo.
Le pregunte si había advertido a su familia, y me dijo que sí mientras me rodeaba con sus brazos.
Así la noche transcurrió y ahora llevaba un anillo nuevo y un apellido prestado.
Pero de pronto tuvimos que huir, una mujer loca vestida de novia me venia a matar.
Corrimos al rededor de la calle, doblamos por esquinas hasta llegar a la casa de alguien.
Allí celebraríamos la noche de bodas, que se resumía a pijamada con monopolio.
Habías logrado engañar a la celosa haciéndole creer que irías por ella.
Yo sentía que mi venganza había sido consumada.
Entonces el sueño comenzaba de nuevo, pero no era el mismo.
Era el día siguiente y caminábamos a donde anteriormente nos habíamos dado el sí.
No había nadie y mi madre insistía en que vayamos.
Hasta que caí en cuenta que iba a recoger mis regalos de boda.
Por lo cual ella y yo tuvimos una discusión y en resumidas cuentas no recogí nada.
Otra vez me encontraba de regreso en mi fiesta.
Discutiendo con la organizadora por unas costillas que nunca llegaron.
Y para culminar, estaba yo en el trabajo, junto a ti y la madre de tu hijo.
Ella hervía en rabia e impotencia al saber que le había ganado.
Había dejado en claro que ella no ocuparía mi lugar.

muy triste si de ti es de quien se habla en tus historias.
ResponderEliminarHola, preciosas letras van desnudando la pura e integral belleza de este blog, si te va la palabra elegida, la poesía, te invito al mio,será un placer,es,
ResponderEliminarhttp://ligerodeequipaje1875.blogspot.com/
gracias, buen día, besos numantinos..